El edadismo es la discriminación que se produce por la edad. Afecta tanto a personas mayores como a personas jóvenes y, aunque muchas veces pasa desapercibido, puede tener un impacto importante en la salud mental.
Comentarios, actitudes o decisiones basadas únicamente en la edad pueden influir en cómo una persona se siente consigo misma y con los demás.
En este artículo te explicamos, de forma sencilla, qué es el edadismo, cómo aparece en la vida diaria y qué podemos hacer para reducir sus efectos.
¿Qué es el edadismo?
Según los psicólogos, el edadismo consiste en prejuicios o estereotipos relacionados con la edad. Se manifiesta cuando se limita, juzga o invalida a una persona por ser “demasiado joven” o “demasiado mayor”.
Algunos ejemplos habituales son:
- “Eres muy joven para entender esto”
- “A tu edad ya no puedes cambiar”
- “Las personas mayores no se adaptan”
- “Los jóvenes no tienen compromiso”
Aunque estas frases parezcan inofensivas, repetidas en el tiempo pueden afectar a la autoestima y al bienestar emocional.
¿Dónde aparece el edadismo?
El edadismo está presente en muchos ámbitos de la vida cotidiana.
Trabajo:
- Dificultad para encontrar empleo por la edad
- Menos oportunidades de formación o promoción
- Desconfianza hacia personas jóvenes en puestos de responsabilidad
- Presión para jubilarse antes de tiempo
Ámbito de la salud:
- Restar importancia a síntomas por “ser cosas de la edad”
- Trato paternalista
- Falta de escucha activa
Relaciones sociales:
- Invisibilizar a personas mayores
- Infantilizar a jóvenes
- Excluir de decisiones importantes
Cómo afecta el edadismo a nuestra salud mental
Desde la psicología sabemos que el edadismo puede generar malestar emocional. Algunas consecuencias frecuentes son:
- Baja autoestima: la persona puede empezar a pensar que vale menos o que ya no es capaz de hacer ciertas cosas solo por su edad.
- Ansiedad o tristeza: sentirse juzgado o limitado puede generar preocupación constante, nervios o una sensación de tristeza.
- Sensación de inutilidad: al escuchar mensajes como “ya no sirves para esto” o “esto no es para tu edad”, la persona puede sentir que ya no es necesaria o importante.
- Aislamiento social: para evitar sentirse juzgada, la persona puede dejar de relacionarse, participar menos o apartarse de los demás.
- Miedo al envejecimiento: el edadismo puede hacer que envejecer se viva como algo negativo, generando miedo al paso del tiempo y a las etapas futuras de la vida.
Cuando una persona interioriza estos mensajes, puede empezar a limitarse, evitar nuevos retos o dejar de cuidar su bienestar.
Discriminación internalizada: cuando el prejuicio se vuelve propio
En algunos casos, el edadismo no solo viene de fuera. Aparece lo que llamamos edadismo internalizado, que se refleja en pensamientos como:
- “Ya soy demasiado mayor para cambiar”
- “Esto es normal a mi edad”
- “Esto ya no es para mí”
Estas creencias influyen directamente en cómo nos tratamos y en las decisiones que tomamos.
Qué podemos hacer para combatir el edadismo
Pequeños cambios pueden marcar una gran diferencia.
Cuestionar estereotipos
Preguntarnos si nuestras ideas sobre la edad están basadas en hechos reales o en creencias aprendidas.
Cuidar el lenguaje
Evitar bromas o comentarios que refuercen prejuicios, aunque no haya mala intención.
Valorar todas las etapas de la vida
Cada etapa tiene capacidades, experiencias y aprendizajes valiosos.
Mantener una actitud activa
Aprender, cuidarse y relacionarse no tiene edad.
Buscar apoyo psicológico
Si el edadismo está afectando a la autoestima o al bienestar emocional, la terapia psicológica puede ayudar a trabajar estas creencias y mejorar la relación con uno mismo.
Psicología y edadismo: por qué es importante abordarlo
La intervención psicológica ayuda a:
- reforzar la autoestima
- desmontar creencias limitantes
- promover una visión más flexible y saludable de la edad
Trabajar el edadismo en terapia permite recuperar seguridad y bienestar emocional, aspectos que se trabajan en PsicoMallorca.
Conclusión
El edadismo es una forma de discriminación silenciosa, pero muy presente. Ser conscientes de cómo influye en nuestra forma de pensar y sentir es el primer paso para reducir su impacto.
Cuidar la salud mental también implica no limitarnos por la edad y reconocer el valor de cada etapa de la vida.
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